Los entresijos del comercio electrónico
El agujero afecta a las cotizaciones, el IVA o la fiscalidad del beneficio, según Anged
Las empresas chinas usan España para entrar en Europa y América Latina
Las compras a plataformas chinas en España provocan un agujero recaudatorio de 1.058 millones de euros en el sector del comercio y su distribución. Sea Shein, Temu o Alibaba, detrás de las compras baratas hay un impacto mayor al imaginado por el consumidor, guiado ciegamente por el precio. Lo cierto es que sus paquetes suelen tributar por menos de su valor real en el IVA; se pierden cotizaciones e IRPF al esquivar montar una cadena de tiendas, trabajadores y proveedores locales; y las empresas no afrontan el impuesto sobre sociedades como las de aquí, al tratarse de marcas con base extranjera y mínima implantación en España.
Así lo recoge un estudio de la Asociación Nacional Grandes de Empresas de Distribución (Anged), que agrupa a los principales grupos del país, al que ha accedido La Vanguardia. Cada año los españoles destinan unos 3.600 millones de euros en compras a plataformas chinas, con una de las mayores penetraciones de Europa. Al gastar en tiendas digitales y no aquí, partiendo siempre de una base de cálculo ligada al empleo, en el desglose hay 490 millones de euros perdidos por cotizaciones sociales y 175 millones por IRPF. El lado laboral –más de 660 millones en conjunto– concentra el impacto. Otros 312 millones son por el IVA no recaudado y los 81 millones restantes por impuesto sobre sociedades no afrontado. La cifra sería incluso mayor sumando impuestos locales o IBI y escalado a todo el universo económico, ya que Anged se centra en ocho ramas del comercio minorista y su cadena, como el textil, la electrónica, el transporte o la logística.
Detrás de los precios bajos se da una “factura oculta” de costes invisibles para el consumidor
Entre consumo, trabajo y beneficio “el mismo euro gastado en una plataforma extracomunitaria de venta directa atraviesa, en el mejor de los casos, una sola de esas puertas, y a menudo a medias”, se plantea. El IVA, sí afrontado, queda en todo caso menguado por “una infravaloración sistemática de los envíos de bajo valor” que erosiona “una parte sustancial” de la recaudación. Como resultado, mientras que un euro gastado en la distribución local genera 38,1 céntimos en recaudación –en IRPF, IVA, cotizaciones...–, el mismo euro en una plataforma asiática recauda 8,7. Aunque el precio sea el mismo. Son 27,8 céntimos que se van entre margen y repatriación a la sede. “La caída recaudatoria no sería tanta si estuvieran aquí”, destaca Yolanda Rodríguez, economista jefe de Anged, que agrupa a El Corte Inglés, Carrefour, Ikea, Fnac o Leroy Merlin, entre otras.
El sector habla de una “asimetría fiscal y regulatoria” por falta de cumplimiento de la regulación. El terreno de juego es el mismo, pero la distribución local tiene más exigencias que la asiática, hay “un tratamiento desigual”. Aunque la ley obligue por igual, la falta de controles desequilibra. El problema es la magnitud de los envíos y la incapacidad para analizar la mercancía. Se estima que a la UE llegaron el año pasado 5.900 millones de paquetes de bajo valor (de hasta 150 euros). En España fueron 220 millones. La avalancha provoca una falta de control que permite que un 65% se declare por debajo de su valor. Hasta hace unas semanas estaban exentos de aranceles, algo que se ha explotado al máximo, haciendo de ello una “columna vertebral de un modelo de importación directa a escala masiva”, cosa que la norma no anticipó ni previno.
La tasa de 3 euros por categoría que se empezó a cobrar este mes en envíos de bajo valor no tapa la brecha milmillonaria y es transitoria. Tal y como está diseñada, la recaudación acaba en gran parte –un 75% detalla la Comisión Europea– en financiar el presupuesto europeo, no en los países. “Podría paliar solo en parte el problema, aunque puede provocar un cambio de hábitos, algo que está por ver”, comenta Rodríguez.
Se ve una “asimetría” en la aplicación de la ley y la nueva tasa de 3 euros en las compras no compensa
Otro dato que arroja el estudio es que por el desvío del gasto a plataformas asiáticas se deja de generar un valor añadido bruto de 3.228 millones en el país y se arriesgan unos 56.200 empleos entre la distribución y sus proveedores. “El producto puede ser el mismo, pero la cadena de distribución que lo lleva hasta el consumidor no lo es, la cadena se rompe”, reza el estudio. Catalunya es la más afectada, con 11.000 empleos en riesgo. Teniendo en cuenta que el comercio electrónico va a más, si la tendencia se mantiene sin reformas se hablan de 116.000 puestos para el 2030. El sistema aduanero europeo sigue pendiente de una reforma que se espera que cuaje en el 2028, siempre que se cumplan plazos. Se iría a un modelo más digitalizado que permitiría aumentar el control de lo que entra, algo imposible hoy. Otro punto negro en la regulación es que en China tienen más facilidad para acceder a ayudas.
Todo arroja una “factura oculta”. “Sumados, estos costes invisibles cambian la naturaleza de lo que parece una ganga. El ahorro del consumidor es, en buena parte, una transferencia de riesgo hacia él mismo, de recaudación y de capacidad de control hacia la Administración, de coste ambiental hacia la sociedad y de actividad hacia el comercio que sí cumple”, se resume. Más que prohibir, se insta a hacer cumplir la regulación. Como recetas, desde Anged proponen nivelar el terreno de juego, más recursos para controlar en las aduanas o un cobro efectivo del IVA. También se reclama por la falta de un ente con capacidad sancionadora, algo que solo se repite en Polonia. El bloqueo parlamentario frena su aplicación.
Impacto económico... e impacto social
Más allá del impacto económico o laboral al que pone cifras el estudio, Anged menciona otros efectos en la faceta más social, como la sostenibilidad o la seguridad del producto. Por ejemplo, se elude la obligación de resolver las llamadas por problemas en menos de tres minutos o la atención humana, lo que resta derechos al consumidor. Asimismo, hasta un 43% de los productos que vienen de China son peligrosos, según cifras del informe, aunque llegan a destino. Y traer los millones de paquetes que llegan al país por avión también lleva a cuestionar su sostenibilidad, sobre todo si se añade la gestión de las devoluciones.